miércoles, 7 de diciembre de 2011

Promoción de la salud y la calidad de vida

La promoción de estilos de vida saludables implica conocer aquellos comportamientos que mejoran o socavan la salud de los individuos. Se entiende por conductas saludables aquellas acciones realizadas por un sujeto, que influyen en la probabilidad de obtener consecuencias físicas y fisiológicas inmediatas y a largo plazo, que repercuten en su bienestar físico y en su longevidad. En la actualidad, se conoce un número importante de comportamiento relacionados con la salud apresados mediante la investigación epidemiológica. A continuación exponemos algunos de los más importantes.
- Practicar ejercicio físico Realizar una actividad física de modo regular (ej., dar largos paseos) es el vehículo más adecuado para prevenir el comienzo de las principales patologías físicas y psicológicas que afectan a la sociedad desarrollada. También es útil para atenuar el grado de severidad cuando el sujeto ya presenta la enfermedad. Una actividad física moderada, realizada regularmente, repercute beneficiosamente en la salud. Los principales beneficios del ejercicio sobre la salud tienen que ver con la prevención de los problemas cardiovasculares. Las personas que realizan asiduamente ejercicio para atenuar el grado de severidad cuando el sujeto ya presenta la enfermedad. Una actividad física moderada, realizada regularmente, repercute beneficiosamente en la salud. Los principales beneficios del ejercicio sobre la salud tienen que ver con la prevención de los problemas cardiovasculares. Las personas que realizan asiduamente ejercicio físico corren menos riesgo de desarrollar y de morir de una dolencia coronaria. También ayuda a controlar el peso, a normalizar el metabolismo de los carbohidratos y de los lípidos.
Asimismo, el ejercicio físico aporta beneficios psicológicos, pues se ha visto que la realización de una actividad física regular reporta beneficios considerables a la persona. En primer lugar, una actividad física enérgica practicada regularmente reduce los sentimientos de estrés y ansiedad. El ejercicio y la buena forma física pueden proteger a la gente de los efectos perjudiciales del estrés sobre la salud. Varias investigaciones han mostrado una fuerte evidencia que la realización de ejercicio o gozar de buena salud contribuye a la estabilidad emocional, fruto de la reducción de la
ansiedad, la depresión y la tensión. En segundo lugar, aquellos individuos que siguen programas para estar en forma informaron que mejoraron en sus actitudes y actividad laboral. En tercer lugar, la participación en una actividad física regular contribuye a la mejora del autoconcepto del sujeto, porque las personas que realizan ejercicio mantienen más fácilmente el peso adecuado, presentan un aspecto más atractivo y se suelen implicar de modo exitoso en distintos deportes y actividades físicas.
- Nutrición adecuada En términos de efectos en la salud, los hábitos alimentarios de las personas que viven en las sociedades desarrolladas han pasado de los estragos de las deficiencias dietéticas de principios de siglo, a los estragos derivados del exceso, en las últimas décadas. Una nutrición correcta se hace imprescindible para lograr un estado saludable. De hecho, la mayor parte de las enfermedades actuales guardan una estrecha relación con la dieta alimenticia (ej., la diabetes, la
caries dental). Una buena práctica nutricional se caracteriza por una dieta equilibrada, que contenga todas las sustancias nutritivas esenciales (ej., minerales, vitaminas, proteínas) y un consumo adecuado, evitando una ingesta excesiva de alimentos. Dicho de otro modo, la dieta saludable es aquella que minimiza el riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con la nutrición. Las dietas saludables proporcionan una cantidad adecuada de todos los nutrientes esenciales para las necesidades metabólicas del organismo. Además de agua, los alimentos contienen cinco tipos de componentes químicos que aportan nutrientes específicos para el buen funcionamiento del organismo: carbohidratos, lípidos, proteínas, vitaminas y minerales.
Las dos principales causas de morbilidad y mortalidad de la década de los 90, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, se deben en gran medida a comportamientos nutricionales inadecuados. Por ejemplo, enfermedades como el cáncer de colon, el estreñimiento y la diverticulosis se han relacionado con dietas pobres en fibras. Dietas ricas en grasa y sal favorecen la hipercolesteremia y la hipertensión, dos importantes factores de riesgo de la enfermedad cardiaca. Cabe señalar que entre los hábitos alimenticios más recomendables para implantar se encuentran la disminución del consumo de grasas animales; el aumento del consumo de leche, patatas y especialmente verduras, frutas y alimentos de alto contenido en fibra; la reducción del consumo de azúcar, dulces y harinas refinadas y evitar el consumo excesivo de alcohol. Esto es, para que nuestra dieta sea equilibrada debe aportarnos todos los nutrientes básicos y la fibra necesaria a nuestras necesidades, a base de ingerir diversos alimentos de los cuatro grupos básicos: cereales, frutas y vegetales, productos lácteos y carnes y pescados. Por último, la mayoría de la gente que come saludablemente no necesita consumir suplementos vitamínicos u otros nutrientes. Sin embargo, algunas poblaciones especiales, como por ejemplo las mujeres embarazadas, necesitan una cantidad extra de nutrientes que, aunque se pueden proporcionar introduciendo modificaciones en su dieta, es recomendable que tomen suplementos (ej., hierro).
- Desarrollo de un estilo de vida minimizador de emociones negativas. Las emociones negativas constituyen un riesgo para la salud. Éstas influyen sobre la salud por medio de diferentes mecanismos. Quizás el más conocido es el Síndrome General de Adaptación de Selye (1936), también denominado estrés, el cual se define así: "Se considera que una persona está en una situación estresante o bajo un estresor cuando debe hacer frente a situaciones que implican demandas conductuales que le resultan difíciles de realizar o satisfacer. Es decir, que el individuo se encuentre estresado depende tanto de las demandas del medio como de sus propios recursos para enfrentarse a él; o, si avanzamos un poco más, depende de las discrepancias entre las demandas del medio, externo e interno, y la manera en que el individuo percibe que puede dar respuesta a esas demandas".
Dicha definición está acorde con el enfoque interaccional del estrés de Lazarus y Folkman, que es el más aceptado de la actualidad y que concibe a éste como un proceso transaccional entre el individuo y la situación. Según dicho enfoque, la naturaleza y la intensidad de la reacción del estrés vienen moduladas, al menos, por tres factores: en primer lugar, por el grado de amenaza que el sujeto percibe en la situación; en segundo término, por la valoración que el individuo hace de los recursos que cree tener para afrontar con éxito la demanda de la situación; en tercera instancia, por la disponibilidad y el grado de afrontamiento que el sujeto pone en marcha para restablecer el equilibrio en la transacción persona-ambiente. La cronicidad de este síndrome (SGA) conlleva un aumento de la vulnerabilidad el individuo hace de los recursos que cree tener para afrontar con éxito la demanda de la situación; en tercera instancia, por la disponibilidad y el grado de afrontamiento que el sujeto pone en marcha para restablecer el equilibrio en la transacción persona-ambiente. La cronicidad de este síndrome (SGA) conlleva un aumento de la vulnerabilidad del individuo a padecer algún tipo de enfermedad (ej., incremento de glucocorticoides). Los efectos neuroendocrinos e inmunitarios del estrés no constituyen un agente patógeno específico, sino que representan un riesgo específico que hace a los sujetos más vulnerables ante las enfermedades (ej., enfermedad cardiovascular) en general.
El estrés no sólo puede inducir directamente efectos psicológicos y fisiológicos que alteran la salud, sino que también puede influir sobre la salud de modo indirecto, mediante la elicitación o el mantenimiento de conductas no saludables.
Esto es, no sólo son importantes para la salud del individuo los efectos a nivel orgánico que produzca el estrés u otras emociones negativas. Es más probable que un individuo que viva bajo situaciones estresantes incremente conductas de riesgo y reduzca todo tipo de conductas saludables. Por ejemplo, en algunos estudios se ha encontrado que el incremento en el estrés estaba asociado a un incremento en el uso del alcohol y otras drogas. También se ha comprobado que parte de los efectos negativos que tiene el estrés sobre la salud proviene del hecho de que las
personas sometidas a estrés, especialmente de tipo laboral, presentan hábitos de salud peores que las personas que no lo sufren.
Se ha sugerido que el apoyo social puede ser un factor modulador del estrés, importante para aquellas personas que viven bajo situaciones estresantes (ej., divorcio), pues practican más ejercicio físico y consumen menos tabaco o alcohol cuando gozan de un nivel elevado de apoyo social, en contraste con aquellas que cuentan con poco o ningún apoyo social. También se han sugerido distintas variables psicológicas como moduladoras de la relación entre el estrés y la enfermedad. Unas contribuirían a favorecer la salud (ej., dureza, optimismo, autoestima) y otras la perjudicarían (ej., conducta tipo A, conducta tipo C, alexitimia). Así, por ejemplo, los individuos con un patrón de conducta tipo A reaccionan de modo diferente a los estresores que aquellos con un patrón de conducta tipo B. No obstante, el concepto capital en el enfoque interaccional del estrés es el de afrontamiento.
Cuando se rompe el equilibrio en la transacción persona-situación, el sujeto pone en marcha una serie de conductas, manifiestas o encubiertas, con el objeto de restablecer el equilibrio. Por tanto, estos procesos de afrontamiento también desempeñan un papel mediacional entre el impacto de una situación dada y la respuesta de estrés del sujeto.
Precisamente en esta línea se han desarrollado todo un conjunto de técnicas para ayudar a que la gente maneje el estrés. Dotar al individuo de esos recursos conductuales y cognitivos para hacer frente al estrés, parece ser la vía más adecuada para minimizar los efectos perjudiciales del mismo sobre la salud.
- Adherencia terapéutica Para que el consejo médico tenga repercusiones beneficiosas sobre la salud del paciente, han de tenerse en cuenta dos aspectos. En primer lugar, el consejo debe ser acertado. En segundo lugar, debe ser seguido por el individuo.
Pues bien, la realidad parece bien distinta, coincidiendo plenamente con lo que expresa un acertado adagio castellano "de lo dicho a lo hecho hay un trecho". A pesar de los considerables esfuerzos desarrollados por los profesionales de la salud durante los últimos 50 años para intentar solucionar la problemática de la ausencia de adherencia a los regimenes terapéuticos, ésta es aún una asignatura pendiente en el campo de la Psicología de la Salud. Uno de los problemas más importantes con el que se puede encontrar un clínico en sus intervenciones es el de que el paciente no sigue sus prescripciones, a pesar de disponer de procedimientos eficaces para tratar o incluso prevenir los problemas.
Se ha encontrado que las tasas de incidencia de adherencia a las recomendaciones de los clínicos no suelen superar el 50%, con una oscilación entre el 30% al 60%, bien por olvido, por no comprender los mensajes o por falta de acuerdo en cumplirlos. Todavía más preocupante es el hecho del elevado número de personas que no se adhiere a los regímenes profilácticos prescritos (ej., embarazadas que no toman los suplementos vitamínicos), llegándose a situaciones como en el caso de la hipertensión en el que el incumplimiento de las prescripciones médicas es más la norma que la excepción.
En el caso de las enfermedades crónicas (ej., hipertensión), la falta de adhesión al tratamiento acarrea consecuencias muy negativas en la esfera física, psicológica y social de los clientes, además de derivar en un coste importante para la sociedad. Por tanto, el incumplimiento y no seguimiento de las prescripciones genera unos costes personales importantes, en especial, en la calidad de vida que puede gozar la persona. Pero, además, se está produciendo una mala utilización de los servicios de salud, con el consiguiente e innecesario incremento de los costes sanitarios. Por contra, la adherencia a las prescripciones de los clínicos evitaría visitas innecesarias de los sujetos a los ambulatorios, hospitalizaciones innecesarias, etc.

martes, 6 de diciembre de 2011

Inteligencia Emocional


Definición:López y González(2003), mencionan que los primeros investigadores en establecer una definición fueron los psicólogos John Mayer y Peter Salovey, quienes sostuvieron que se trataba de la habilidad para supervisar los sentimientos y emociones propios y ajenos, con la finalidad de lograr discriminarlos y así utilizar esta información en la orientación del ensamiento y comportamiento propio.
Conforme se fueron profundizando sus estudios y experiencia, se logro ampliar su definición, sosteniendo que la inteligencia emocional es la habilidad para percibir y expresar con exactitud las emociones; tener acceso a las emociones ajenas o generarla cuando éstas sean productivas para el pensamiento, además de entender la naturaleza de las emociones, de manera que se esté en la capacidad de regularlas con el fin de promover el crecimiento tanto emocional como intelectual.
Asimismo, López y González, mencionan que la inteligencia emocional es una nueva perspectiva
que muestra la importancia de los sentimientos en la comprensión, ajuste y manejo del entorno y la convivencia. Estimula una actitud positiva, proactiva y creativa frente a las diferentes circunstancias de la vida.
Por otro lado, Vivas, M., Gallego, D y González, B. (2006), sostienen que “la inteligencia emocional es el uso inteligente de las emociones: hacer que, intencionalmente, las emociones trabajen para nosotros, utilizándolas de manera que nos ayuden a guiar la conducta y los procesos. Igualmente, Goleman definió a la inteligencia emocional como las habilidades para controlar impulsos y demorar o postergar la obtención de la gratificación, además de
reconocer el propio estado anímico y ser capaz de transmitirlo y/ o regularlo para expresarlo de manera socializadora, en el momento y lugar correcto.
Su Naturaleza Según López y González (2003), sostiene, que entender la inteligencia es el primer paso para poder comprender el desarrollo de los seres humanos. Tradicionalmente ha sido entendida como la capacidad para pensar de manera abstracta, conocer y aprender con rapidez de la experiencia.
Las sociedades contemporáneas dan mucha importancia a la inteligencia y a los niveles que ocupan las personas con respecto a ésta, es decir si es más o menos inteligente. Desde esta perspectiva se predicen muchos aspectos importantes de la conducta, como la rapidez que tienen algunas personas para dominar información y tareas nuevas, así como el tiempo que requiere para comprender y adaptarse a nuevas situaciones. Sin embargo, es importante tener en cuenta las diferentes individualidades. Una persona puede estar catalogada como “muy inteligente” pero no obtener logros en algunas áreas de su vida. La inteligencia es una dimensión que todos los seres humanos poseen en medida que manifiestan preocupación por comprender, conocer o reflexionar en cualquier actividad.
Asimismo, afirma que la inteligencia no predice por si sola el éxito en la vida, también es importante desarrollar habilidades que tiene que ver con la manera en que nos relacionamos con las demás personas.

Los componentes de la inteligencia emocional son:
Autoconcimiento Emocional: Según López, M. & González, M. (2003), sostiene que el autoconocimiento emocional es la capacidad de conocer los propios estados emocionales que se manifiestan a través de las emociones. Cuando esto se obtiene, la persona adquiere capacidad para reconocer cuáles de las emociones son propias y cuáles son las de los demás, de forma que pueda controlarlas. Este autocontrol le proporciona seguridad en su propio desempeño y le permite acceder a las opciones para reaccionar frente a una emoción.
Asimismo, López y González, afirman que las personas que no tiene conciencia de sus propias emociones terminan siendo controladas por las mismas o dejándose llevar por las emociones de los demás. Las personas que desconocen sus emociones se ven expuestas a asaltos emocionales, en los cuales no se tiene control de sí mismo y llegan a la conclusión de que lo más conveniente es ignorar o negar las emociones que produjeron este ataque.
Autocontrol Emocional:
“Es importante saber reconocer emociones y las de los demás. Saber buscar estrategias que nos permitan gestionar las emociones y no dejarnos dominar por ellas”. Es decir el autocontrol nos permite no dejarnos llevar por los sentimientos del momento. Es saber reconocer que es pasajero en una crisis y qué perdura.
Automotivación:
“Las personas que saben controlar la impulsividad y esperar para obtener su recompensa, cumplen con sus objetivos y están conformes con sus logros. Dirigir las emociones para conseguir un objetivo permite mantener los esfuerzos, actuar en forma más creativa y desarrollar, por consiguiente, una mayor productividad y eficacia.”
o equipo de personas-soporte.

Relaciones Interpersonales (habilidades sociales):
“La capacidad para reconocer las emociones de los demás, saber qué quieren y qué necesitan, es la habilidad fundamental para establecer relaciones sociales y vínculos personales. Dentro de este marco de relaciones interpersonales, algunos indicadores que deben considerarse son:”
Autoapertura: es no hablar desde lo absoluto, sino desde la interpretación que nosotros damos
a nuestros datos, siendo sensibles a los sentimientos del otro y cuidando mucho
el lenguaje corporal.
Asertividad: en Gestión de la Inteligencia Emocional, a la asertividad le damos una acepción
especial, basada en la habilidad de mantener nuestros derechos, opiniones, creencias y deseos, respetando al mismo tiempo las del otro, lo que contrasta con la agresividad, que no las tiene en cuenta, o la pasividad, que ignora las propias.
Escucha activa: en la escucha activa hemos de poner énfasis en desactivar nuestros filtros de recepción, sintetizar las declaraciones del otro, usar frases de dinamización, dar noticia de que somos conscientes de los sentimientos del otro y usar apropiadamente las pistas no verbales de quien se nos da.

Reconocimientos de Emociones Ajenas (Empatía):
Las relaciones sociales se basan muchas veces en saber interpretar las señales que los demás emiten de forma inconsciente y que a menudo son no verbales. El reconocer las emociones
ajenas, aquello que los demás sienten y que se puede expresar por la expresión de la cara, por un gesto, por una mala contestación, nos puede ayudar a establecer lazos más reales y duraderos con las personas de nuestro entorno. No en vano, el reconocer las emociones ajenas es el primer paso para entenderlas e identificarnos con ellas.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Trastorno de Ideas delirantes

Es un trastorno en cuyo cuadro clínico predominan ideas delirantes persistentes o recurrentes. Las ideas delirantes pueden acompañarse de alucinaciones pero éstas no se limitan a su
contenido. Estas ideas pueden ser de tipo celotípico, de persecución, de perjuicio, de muerte,de enfermedad, de transformación corporal, y pueden acompañarse de otra sintomatología de tipo
esquizofrénica como trastornos del pensamiento, fenómenos catatónicos y alucinaciones de cualquier tipo. (Theodore, 1998).

Diagnóstico:
Debe presentarse ideas delirantes (de persecución, de transformación corporal, de celos, de enfermedad o muerte de uno mismo o de otra persona). También pueden estar presentes alucinaciones, trastornos del pensamiento o fenómenos catatónicos aislados. La conciencia y la memoria no deben estar afectadas. Este diagnóstico no deberá hacerse si la presunta relación causal orgánica no es específica o se limita a hallazgos tales como una dilatación de los ventrículos cerebrales visualizados en una tomografía axial computarizada o por signos neurológicos menores ("blandos"). Incluyendo estados orgánicos paranoides o alucinatorio-paranoides. (CIE 10, 1992)

sábado, 3 de diciembre de 2011

Personalidad del niño asmático


Beneitez (2005), sostiene que las características psicológicas tienen sin duda influencia en las manifestaciones alérgicas, de igual manera que hay diferencias individuales en la respuesta a
un mismo estímulo estresante. En el asma, la obstrucción intermitente de las vías respiratorias constituye el primer estímulo estresante y la fuente de malestar más relevante de todos los pacientes, provocando reacciones diferentes en cuanto a la percepción subjetiva de los síntomas físicos (estimación del grado de fatiga, obstrucción de vías respiratorias, hiperventilación, taquiptaquipnea) y de los estados emocionales que provocan los síntomas asmáticos (enfado, aislamiento, preocupación, pánicomiedo).
Los niños asmáticos se pueden sentir restringidos en el aspecto social, molestos por tomar
la medicación y con temor hacia la aparición de las crisis de asma. Las visitas a los hospitales y los ataques nocturnos se agregan al sentimiento de vulnerabilidad y al estrés emocional.
El asma es un problema importante en el ámbito escolar. Los niños tienen que pedir permiso para poder salir y tomar su medicación, ya que solamente en unos pocos colegios se permite a los niños llevar su inhalador al aula. Esto les separa de sus compañeros, puede retrasar el
tratamiento y aumenta la probabilidad de absentismo escolar.
Esta problemática y las frecuentes ausencias de la escuela pueden conducir a los niños a tener dificultades en los deportes y en otras actividades, lo que conlleva a autocompasión, baja autoestima y escasas relaciones con sus compañeros. Una de las variables que ha demostrado mayor relevancia en la evolución del asma es la dimensión pánico-miedo, que hace referencia
al estilo de afrontamiento para manejar la enfermedad crónica.
Los sujetos con altas puntuaciones de pánico-miedo tienden a exagerar sus síntomas, reaccionando ante la enfermedad con elevada ansiedad; siguen patrones circulares de falta de adhesión al tratamiento prescrito, con períodos de utilización excesiva de los fármacos para controlar las crisis y fases en las que toman menos medicación de la necesaria, centrando su atención en los potenciales efectos secundarios de ésta, lo que puede provocar la aparición de
un nuevo episodio de broncoespasmo e iniciar nuevamente la secuencia descrita.
Por el contrario, los pacientes con bajas puntuaciones en la dimensión pánico- miedo tienden a negar y minimizar su incomodidad física y sus síntomas e ignoran la importancia de su enfermedad, mostrando sistemáticamente un patrón de baja adherencia al tratamiento médico.
Ambos grupos originan altas tasas de rehospitalización que duplican las de los pacientes de iguales características en cuanto a enfermedad pero con niveles moderados de pánico-miedo. La dimensión pánico-miedo puede influir además en las características objetivas de la enfermedad y en el juicio clínico del médico.
Hay, por tanto, un alto nivel de morbi-mortalidad. No es sorprendente que las muertes por asma sean más frecuentes en adolescentes que en niños, llegando a estimarse la mortalidad del asma como 6 veces mayor en niños de 15 a 19 años que en los de 5 a 9 años.

Embarazo y adolescencia

Se define como aquella gestación que ocurre durante los primeros años ginecológicos de la mujer y/o cuando la adolescente mantiene la total dependencia social y económica de la familia parental. Ha sido llamado también el síndrome del fracaso o la puerta de entrada al ciclo de la pobreza. (Beth, 2002).
En datos recopilados por Population Reference Bureau en 1998 se señala que más de quince millones de mujeres adolescentes dan a luz cada año, lo que corresponde a un 10 % de todos los nacimientos del mundo.
En América Latina cada año un tercio de las mujeres adolescentes optar por terminar el embarazo y son madres en su adolescencia, con la excepción de Nicaragua y Guatemala donde la mitad de mujeres ya son madres al llegar los veinte años.
López (1994), señala que entre los países desarrollados Estados Unidos tiene la tasa más alta de embarazo en adolescentes con un 19%. Hay aproximadamente doce millones de adolescentes americanos sexualmente activos, menos de un tercio usan contraceptivos. El resultado de esta desafortunada situación es cerca de un millón de embarazos anualmente, incluidos 30,000 a 40,000 embarazos en menores de catorce años.
Un mal funcionamiento familiar puede predisponer a una relación sexual prematura y por consiguiente a un embarazo, pues una adolescente con baja autoestima que sufre discriminación afectiva, recibe atención y cuidado a través de la relación sexual y a demás puede encontrar alivio a la soledad y el abandono a través de un embarazo que le permite huir de un hogar patológico. (Beth, 2002).
Se han descrito como factores
familiares de riesgo:
- Inestabilidad familiar.
- El embarazo adolescente de una hermana.
- Madre con historia de embarazo adolescente.
- Enfermedad crónica de uno de los padres.